Autora

Rocío Cartagena Garcés

viernes, 11 de marzo de 2022

Justificación Taller Grado 5

¿Puede el ser humano hacerse responsable de los muchos compromisos, de su trabajo, de su vida social y afectiva-sexual futura y de sus hijos si no aprendió a hacerse responsable de sí mismo dentro del grupo familiar?

La responsabilidad no es el último valor que debamos inculcarle al niño o a la niña como pudiera deducirse de este orden de presentación de ideas o secuencialidad en que se han venido exponiendo los valores fundamentales: respeto, autoestima, diálogo y responsabilidad. La formación del hijo/alumno que queremos ver desempeñándose exitosamente por la vida, del ciudadano que esperamos ver transformando la sociedad de manera constructiva, se forma integral y simultáneamente desde la infancia.

En forma simultánea deben llegarle los mensajes de respeto por las diferencias, cruciales en la formación de su autoestima, los mensajes de confianza y amor a través de la ternura y el diálogo que le permitan lograr una auténtica comunicación y los mensajes de responsabilidad manifiestos en el adecuado cumplimiento de nuestros deberes, pactos y promesas como padres y maestros lo cual, además de significar buen ejemplo, se convierte en garantía del respeto por los derechos fundamentales del niño, la niña y del adolescente y de otros miembros de la familia y de la comunidad.

El niño o la niña, desde los 2 años o antes, nos envía mensajes de que percibe y asimila comportamientos que repite como imitación inicialmente, pero luego deja manifiesto su espíritu solidario con quienes valora, trayendo por ejemplo las pantuflas, en correspondencia con quienes ha aprendido a solidarizarse y cumpliendo pequeños pedidos. Ese es el momento propicio para orientarle la tarea de recoger sus juguetes y zapatos, por ejemplo, y que los acomode en un lugar preestablecido en vez de convertirnos en su servidor (a) y recogerlos por él o ella. Hay que aprovechar y reforzar o motivar su natural tendencia a hacer algo por los demás en vez de permitir que todos hagan algo por él (ella) con lo cual sólo se logra iniciarlo (a) en un camino de dependencia, al tiempo que se consigue una vida de esclavitud para quienes deben atenderlo (a) y complacerlo (a).

Los mensajes subsiguientes del niño o la niña bien motivados, le seguirán dando a sus cuidadores las pautas sobre qué irles estimulando: bañarse solos o cada vez con menos acompañamiento, vestirse, doblar y guardar su ropa, entre otros, para la progresiva formación de la voluntad y por consiguiente de la responsabilidad y autonomía, tan necesarios en las personas que aspiran a tener éxito en cualquier campo del desarrollo humano.

Los niños y las niñas sin deberes se convierten en tiranos, y los niños y las niñas sin derechos son esclavos y por lo tanto son carentes de oportunidades para formar la autonomía que les permita actuar con criterio propio.

Reforzar el valor de la responsabilidad en una etapa de la vida tan cercana a la pubertad y adolescencia en la que, querámoslo o no, tomarán las decisiones que más les marcará la vida; junto con reafirmar el auto respeto y la autoestima, fortalecerá internamente sus personalidades con las únicas herramientas valiosas con las que los habremos dotado para enfrentarse a esta crucial etapa de su existencia: “Dejar de ser niño o niña para iniciar su carrera hacia la vida adulta”.

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